"Y ... [Zeus] les dijo a los dioses eternos:
Es de ver cómo inculcan los hombres sin tregua a los dioses
achacándonos todos sus males. Y son ellos mismos
los que traen por sus propias locuras su exceso de penas."
Homero, Odisea 31-34
La mitología griega es un conjunto de relatos que conciernen a los dioses y fue particularmente bien desarrollada desde el siglo VII a.c. Estos relatos de transmisión oral fueron escritos por poetas, dando lugar a veces a las distintas versiones que conservamos de ellos.
Heródoto afirma que Homero y Hesíodo fueron quienes dieron nombre a los dioses y asignaron a cada uno de ellos su función y características.Sin embargo Homero recoge en sus escritos una tradición oral que se remonta a varias generaciones.
El fenómeno del politeísmo griego
Todo está lleno de dioses, hasta el punto que los humanos no saben ejercer su propio estilo de vida sin que los dioses les echen “el aliento en el cuello”. Los dioses están cerca, pero a la vez también están lejos, en su mundo, confinados voluntariamente en las regiones olímpicas en que los sitúa Hesíodo. Esta presencia de lo divino se mantendrá incluso cuando el politeísmo griego vaya agotándose y dando entrada a perspectivas de corte más monoteístas, como se cree en el célebre “Himno de Cleantes” a Zeus.
Cinco aporías sobre los dioses
-El trato con los hombres:
A partir del relato de Aracne, podemos comprender la rivalidad entre los dioses y los hombre, con la subsiguiente rebelión de éstos; la soberania del ser humano y su correltivo castigo; la condena a los humanos por parte de las deidades rivales a una concdición miserable para el resto de los días.
-El número clauso:
Los dioses griegos constituyen una casta cerrada y endogámica. Pero, con frecuencia los dioses tienden a seducir a algún mortal, aunque rara vez un “bastardo” es reconocido como deidad de pleno derecho, lo que sí sucede excepcionalmente con Heracles.
-La teomaquia:
Todo en el Olimpo y a partir del Olimpo deviene “teomaquia”, lucha exigida por las deidades, donde el mal se erige en uno de los elementos básicos. Por eso las nueve musas cantan con su voz dulce recreando hasta el infinito la memoria de las propias hazañas de los dioses. En su narcisismo acústico Zeus oye complacido la historia de sus propias gestas, mientras se toma una tregua.
-La mortal inmortalidad:
Los dioses no mueren, nacidos para siempre, mantienen eternamente su juventud. Sus cuerpos no padecen, pero quedan vulnerados por las heridas. En sus moradas de bronce con sus vasijas de oro se alimentan con ambrosía.
-La necesidad necesaria:
Ante tanta contradicción, sólo vence la necesidad siempre por encima de todo y en el origen de todo. El inexorable destino aparece en Grecia como el comienzo y el fin de todas las cosas. Los Hados conducen por las buenas y arrastran por las malas.
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